El pueblo en el que con música de la Banda de
viento Ireneo Monroy en el quiosco todos los domingos en la noche después de
misa, los jóvenes paseaban alrededor de la plaza principal para conquistar a la
persona amada. En el que la gente volaba papalotes en la loma, los niños se bañaban
en el río y chicos y grandes disfrutaban de ver una película en el cine
Olimpia, aunque se trabara la cinta y la función terminara antes de lo
esperado.
Un pueblo en el que la gente cuyo lema dice ser “noble,
culta y leal”. Pero, ¿qué tiene de noble, culto y leal un pueblo que comienza a
olvidar sus tradiciones y es apreciado más por turistas que por su población
misma?
La sociedad de San Gabriel parece comenzar a
parecerse a la Comala de Rulfo, en el que sus habitantes se muestran apáticos
por todo acontecimiento que se realice. Pocos son los que aprecian la verdadera
esencia de San Gabriel.
San Gabriel necesita recuperar sus tradiciones,
apreciar la belleza de su pueblo y no solo presumirlo cuando un turista le
pregunte. En San Gabriel SÍ hay algo, hay belleza, hay talento, historia y
cultura.
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